Como muchos sabéis, Delfos es una de los recintos sagrados más importantes que han existido en toda Grecia. El santuario está dedicado a Apolo y su situación está a unos 15 km del mar aprox. y a 150 km todo al noroeste saliendo de Atenas y si con suerte uno no pilla atasco. La excursión merece la pena siempre y cuando uno vaya concienciado de lo que va a ver (no esperéis Museos grandes ni tiendas de souvenirs, en Delfos se ve Delfos)

El primer punto del viaje comienza en la parte baja del santuario. El recinto de Apolo está construido en la montaña y debido a que se celebraban los juegos píticos y necesitaban también un cierto terreno llano, la mitad del recinto se encuentra en la parte baja. En la foto podéis observar el hermosísimo tholos de Delfos.

De planta circular y con metopas de temas Dionisiacos, el Tholos de Delfos fue levantado en el 380 a.C y con un exterior dórico e interior corintio. Si uno va en invierno podrá disfrutar de la vista de todo el santuario nevado. También es muy hermosa la vista si va en primavera, ya que está verde todo y la temperatura ayuda. Si vas en verano como nos tocó a nosotros, a joderse de calor como todo peregrino apolíneo al que le pille el estío.

El santuario debe su historia a que Apolo visitó el lugar y le gustó, por lo que decidió quedarse, matar a la serpiente Pitón y enterrarla bajo el ónfalos (el ombligo del mundo), seña del centro del mundo. El culto a Apolo proviene del siglo VIII a.C
En este lugar se realizaban los juegos píticos cada 4 años y vivía el oráculo.

Aproximadamente en el s.VI a.C fue cuando la ciudad tuvo su mayor esplendor. Antes de pisar la tierra sagrada el peregrino se lava en la fuente Castalia, proveniente del manantial de agua del monte Parnaso.

Aunque el recinto esté conservado relativamente mal debido a la cantidad de siglos que han transcurrido, los tesoros (templos pequeños donados por cada polis) que pueblan el camino nos dan una muestra de la importancia del lugar (el único tesoro que se conserva decentemente es el de los atenienses). En la foto se observa la crepidoma del increible templo que estuvo en Delfos. El muro que sostiene este templo está lleno de escrituras griegas, entre las cuales destacan algunos de los pocos vestigios de música griega escrita. Tras ganar las Guerras médicas, los atenienses porticaron ese muro. En las puertas del templo se leía
"Conócete a ti mismo"


El teatro que se conserva data de la época Helenistica. El culto a dioniso y a Apolo están complementados en una armonía que hasta Nietzsche elogiaría.


En el Museo de Delfos, quedan los restos de bastantes estatuas del tipo "kuros" (arcaicas), la famosa esfinge de los Naxios y varios frontones arcaicos conservados. En la foto se puede observar como las ofrendas al oráculo eran diversas y ricas.

En cuestiones artísticas, el museo conserva una de las estatuas más famosas del arte antiguo, el "Auriga de Delfos". Esta estatua del año 474 a.C representa a un auriga que ganó los juegos Píticos. Con su 1,80 de altura y su porte altivo, es toda una suerte que hoy en día conservemos una representación en bronce del mundo antiguo.

La estatua completa tenía cuatro o seis caballos de bronce. En aspectos artísticos, el Auriga representa una vez más la "transición" de los arcaicos kuroi hacia las modernas y dinámicas esculturas clásicas del siglo V a.C. Su leve giro en la cara, sus ojos marcados, la realidad del tamaño y el escorzo del brazo que sostiene las riendas de los caballos hacen de él un regalo para los historiadores del arte.
Como detalle curioso, los ojos del Auriga tienen incrustaciones de piedras y las pestañas son de plata. Los labios son de cobre y la figura entera es de bronce fundido y soldado por piezas. Esto nos da pistas de la importancia de aquel joven que ganó en las carreras.Queda mucho por explicar sobre Delfos.
Os está esperando allí, si os animáis podréis verlo.

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